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Timmy BoyHitsville ES, MíticosLeave a Comment

Comienza mi pequeña aventurilla bloguera!!!

Como saben los que me conocen, mis capacidades lingüísticas no son muy locas, tampoco sé muy bien cómo se debe escribir o qué se debe escribir, pero de música sí que sé un rato, así que a eso me voy a dedicar.

Supongo que algún conocimiento se me habrá quedado después de 20 años pegado a unos jodidos altavoces. Mi madre siempre lo vio claro, a este niño vamos a tener que entretenerlo de alguna forma, y bien que lo hicieron.

Desde los 6 años al conservatorio, coche para arriba y para abajo, un auténtico placer logístico para mi familia. Yo me di cuenta, bastante pronto, que lo mío era el “voyeurismo musical”, lo de tocar se lo dejo a los que saben y disfrutan, pero bueno, ahí que aguanté 10 estupendos añitos. Nota: Nunca me arrepentiré de haber estudiado música, tocar lo que es tocar no lo hago, pero lo que es disfrutar, eso sí que se lo agradezco, muchos caminos a todo tipo de música me ha abierto y eso no tiene precio.

Dejando de lado mi relación de amor con el conservatorio, recuerdo perfectamente el día que mi madre me llevo a la calle barquillo a comprarme un walkman, joder qué gran momento, lo recuerdo como si fuera ayer, un walkman de última era “pre-obsolescencia cintil”, una sola pila, rebobinaba automáticamente entre canción y canción, cubierta metálica plateada rollo iPhone en versión “su puta vieja gris espacial”, vamos, una pasada. Joder si es que hasta tenía mando en los cascos para controlarlo, muy loco.

Grandes años con las mismas 10 cintas, pura magia. De todas esas, siempre recordaré una que empezaba con “Don’t cry” the Guns N’ Roses, proseguía con “November Rain” vaya pepinaco infernal guitarrero y seguía con “Smells Like Teen Spirit” de Nirvana, mágico. Evidentemente yo no tenía ni capacidad, ni conocimiento para llegar a esos grupos con esa edad, pero siempre se me dio bien dejarme aconsejar de los que sí las tenían, y en eso, tuve suerte con mi hermana. Grandes discos de U2, R.E.M. y Led Zeppelin circulaban por mi casa siempre predestinados a ser interceptados por mi persona.

Solapándose con esa época, llegaron los primeros disc-man, y como no, el pequeño Aitor estaba muy interesado en esa tecnología, pero ¿a qué conclusión llegó? Pues que eran un fail: toscos, pesados, poca batería… pero sobretodo, la puta mierda del antishock. Mi primer disc-man me lo regalaron en la comunión, primera hornada de esta tecnología, y recuerdo como al mínimo movimiento dejaba de sonar, “¿para qué coño quiero un discman si cada vez que lo muevo se peta?” bad business. Intentaron colármela con otros modelos, pero nada, era implacable, que les peten, prefiero seguir con mi cinta de Guns N’ Roses.

Pasaron los años, y llegó el mp3, OH MY que gran momento, creo que no ha habido bicho que más ilusión y posibilidades me sugirieron. 128 mb en un Creative que se desmontaba como si fuera un pen-drive, joder, era entrar y salir de cualquier sitio y llevarme su conocimiento, inigualable. Que facilidad para compartir, sin necesidad de un puto cable y ligero como él solo, amor a primera vista. (Creo que se merece hasta foto honorífica).

Este amor duró mucho tiempo, de hecho, nunca se acabó, no hace demasiado que intenté reciclarlo para ir a correr, ja, el problema era que no corría.

Prosiguiendo entre grandes aparatejos, recuerdo el día que en la puerta del conservatorio estaba mi amigo Ezequiel, un buen person con mucha clase, gentleman y heavy a la vez, un referente en su época. Le daba bastante a la música yonki como yo, y un día, me enseña su nueva perla. Un aparetejo tosco y poco ergonómico, pero con una curiosa cualidad, tenía una memoria de 10 Gb, ¡WTF! ¡qué coño era eso! En su haber tenía la primera generación del iPod, y sí, para quien no lo sepa, Apple en esa época era una buena chusta y no lo conocía ni perry mason, fue el iPod su ave fénix particular.

Joder Ezequiel, ¿pero qué tienes entre manos? Me lo explicó bastante objetivamente y lo tuve en cuenta, vamos a ver, en esa época 10 Gb eran muy desfasados, es decir, con nuestra mierda de modem 56 kbps y los primeros adsl, nuestra capacidad de descarga ni siquiera rascaba el Gigabyte, por lo que se podría decir que estaba un poco adelantado. Ya sabéis como sigue la historia, años después, creció todo, más velocidad, más gigas, mas memoria… Apple lo había petado.

Mi primer iPod me lo regalaron en reyes, me hizo demasiada ilusión, típico regalo que no te esperas, flipé. Era un iPod mini azul, muy molón, 4 Gb y un mundo a descubrir. Lo llené de todo lo que conocía y empecé a darle duro, que maravilla. Todo pintaba bien en esta relación: disponibilidad, habilidad, capacidad… pero no, la batería del aparato no dio la talla, gran bajón.

Una buena temporada anduve quemado con el tema, hasta que salió a la palestra otra hermana mía, y aprovechando su viaje a Singapur se erigió como líder y me compró el iPod classic de 3ra generación, 30 Gb. Este sí que ha sido mi gran compañero de viaje, paseado por medio mundo, fiel compañero de aventuras.

Después de este poco más, con los móviles llegó el final de todo esto, y con el smartphone, el final de la ilusión por único disco, dónde quedaron los años en los que te despertabas rezando por ver una barra verde en el ordenador.

Qué más decir, pues que vamos a hablar de música, siempre he defendido que escuchar música es de los métodos más enriquecedores, rápidos y baratos de captar conocimiento que conozco. Tiene la maravillosa particularidad de permitir su ingesta mediante la “atención pasiva” y en cualquier tiempo y lugar, vamos, un regalo para los que quieren disfrutar. A lo mío.

Para terminar, explicar por qué he decidido llamarlo “Hitsville ES”, simple y llanamente, porque una de mis canciones favoritas ever se llama así, mi pequeño homenaje a una canción que nunca me falla, que siempre está ahí para animarme, alegrarme y ayudarme.

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